Cuento de brujas en Tindaya

En lo más alto de la imponente Montaña Mágica de Tindaya, en la isla de Fuerteventura, existía un lugar oculto a los ojos del mundo. Allí, entre los picos escarpados y los bosques encantados, habitaban tres brujas ancestrales: Morgana, Selene y Ariadna. Estas brujas, dueñas de un poder mágico sin igual, eran guardianas de la montaña y velaban por el equilibrio de la naturaleza en aquel rincón sagrado.

Morgana, la más sabia y anciana de las tres, poseía el don de la clarividencia y la sabiduría ancestral. Selene, la más joven y audaz, dominaba las artes de la transformación y la curación. Mientras que Ariadna, la más enigmática, tenía el don de la conexión con los espíritus de la naturaleza y los elementos.

Una noche, cuando la luna brillaba en lo alto del cielo y las estrellas parpadeaban con un fulgor misterioso, un eco de peligro resonó en la montaña. Las brujas sintieron la perturbación en el aire y se reunieron en su círculo de piedras ancestrales.

—Algo oscuro se avecina —dijo Morgana, su voz llena de solemnidad—. Debemos estar preparadas.

—¡Quizás sean los trolls de las montañas! —exclamó Selene, con una chispa de emoción en sus ojos—. ¡Podríamos atraparlos y convertirlos en rocas!

Pero Ariadna, con una mirada profunda, percibió la verdad.

—No son trolls, hermana. Es una presencia más siniestra, una magia oscura que amenaza con desequilibrar la armonía de nuestra montaña.

Las brujas asintieron en silencio, conscientes de la gravedad de la situación. Decidieron explorar los rincones más remotos de la montaña en busca de pistas sobre la naturaleza de la amenaza que se cernía sobre ellas.

Durante días y noches, recorrieron los bosques encantados y las cuevas ocultas, hablando con los espíritus de la naturaleza y buscando señales en los antiguos símbolos tallados en las rocas. Hasta que finalmente, en lo más profundo de una caverna olvidada, descubrieron la fuente de la oscuridad.

Un ser maligno, un brujo renegado conocido como Zarek, había despertado de su largo letargo y estaba decidido a reclamar la Montaña Mágica de Tindaya como suya. Con sus oscuros hechizos y su ejército de criaturas de sombras, Zarek amenazaba con sumir la montaña en la oscuridad eterna.

Las brujas sabían que debían actuar con rapidez. Convocaron a los espíritus de la montaña y elaboraron un plan para enfrentarse a Zarek y restaurar la paz en Tindaya.

Con la luna llena iluminando su camino, las tres brujas se adentraron en lo más profundo de la montaña, hasta llegar a la guarida de Zarek. Allí, entre las sombras retorcidas y el eco de sus hechizos malignos, se desató una batalla épica entre la luz y la oscuridad.

Morgana utilizó su sabiduría ancestral para contrarrestar los hechizos de Zarek, mientras Selene desató su magia de transformación para confundir a las criaturas de sombras. Y Ariadna, con su conexión con los espíritus de la naturaleza, invocó el poder de la montaña para reforzar su magia.

La batalla fue intensa y despiadada, pero las brujas no flaquearon. Con determinación y coraje, lucharon contra Zarek y su ejército de la oscuridad hasta que finalmente, con un estallido de luz brillante, lograron derrotarlo.

La Montaña Mágica de Tindaya resonó con la victoria de las brujas, y la oscuridad se disipó, dando paso a la luz y la armonía una vez más. Los espíritus de la naturaleza celebraron con ellas, llenando el aire con cantos de alegría y gratitud.

Desde ese día en adelante, Morgana, Selene y Ariadna fueron veneradas como heroínas en toda la isla de Fuerteventura. Y la Montaña Mágica de Tindaya volvió a ser un lugar de paz y serenidad, protegido por el poder y la magia de las tres brujas guardianas.

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