El Drago y Tanausú

En la antigua isla de Tenerife, donde los picos volcánicos se elevan hacia el cielo y los mares azules acarician sus costas, se encuentra un tesoro natural de incalculable valor: el Drago Milenario de Icod de los Vinos. Este árbol, conocido por su esplendor y longevidad, ha sido testigo de innumerables historias a lo largo de los siglos, pero ninguna tan cautivadora como la que voy a relatar.

La leyenda del Drago comienza en tiempos antiguos, cuando los guanches, los primeros habitantes de las Islas Canarias, vivían en armonía con la naturaleza. Para ellos, el Drago no era simplemente un árbol, sino un ser sagrado, un guardián de la tierra y un símbolo de conexión con lo divino. Se creía que su savia tenía propiedades curativas y que su presencia era un faro de protección para el pueblo guanche.

En una noche estrellada, mientras una brisa cálida susurraba entre las ramas del Drago, un joven guanche llamado Tanausú se aventuró hacia el árbol en busca de respuestas. Tanausú era un espíritu inquieto, lleno de curiosidad y sed de conocimiento. Había escuchado historias sobre el Drago desde que era un niño, pero nunca antes se había sentido tan atraído por su presencia como en esa noche.

Al llegar al pie del Drago, Tanausú se sintió envuelto por una sensación de paz y serenidad. La luna brillaba sobre las hojas del árbol, iluminando su tronco con una luz plateada. Entonces, una voz suave y melodiosa resonó en la mente de Tanausú, como el murmullo del viento entre las hojas. Era el espíritu del Drago que se comunicaba con él.

«Tanausú», susurró la voz, «he estado esperando tu llegada. Hay un peligro que amenaza nuestra tierra, y necesito tu ayuda para enfrentarlo».

Asombrado por la revelación, Tanausú escuchó atentamente mientras el espíritu del Drago le contaba sobre una oscura fuerza que se alzaba en las sombras, amenazando con destruir todo lo que él amaba. Sin vacilar, Tanausú se comprometió a proteger a su pueblo y a su hogar, incluso si eso significaba enfrentar peligros desconocidos.

Guiado por el espíritu del Drago, Tanausú emprendió un viaje épico a través de la isla de Tenerife. Atravesó valles profundos y escaló montañas escarpadas, enfrentándose a bestias salvajes y superando pruebas desafiantes en su búsqueda para descubrir la fuente del mal que amenazaba su tierra.

En su camino, Tanausú encontró aliados inesperados: criaturas mágicas que habían vivido en la isla mucho antes de la llegada de los guanches. Con su ayuda, aprendió antiguos secretos y adquirió habilidades que lo ayudarían en su misión.

Finalmente, después de días de arduo viaje, Tanausú llegó al corazón de la isla, donde descubrió una oscura caverna oculta entre las rocas. En su interior, encontró a la fuente de la oscuridad: un antiguo ser de sombras que se alimentaba del miedo y la discordia.

Con valentía y determinación, Tanausú enfrentó al ser de sombras, desafiando su poder con el amor y la luz que emanaban de su corazón. En una batalla épica que resonó en toda la isla, Tanausú luchó con todas sus fuerzas, resistiendo los ataques del enemigo y defendiendo la paz y la armonía de su pueblo.

Justo cuando parecía que la oscuridad iba a prevalecer, Tanausú recordó las palabras del espíritu del Drago y se aferró a la esperanza. Con un último esfuerzo, convocó todo su coraje y lanzó un destello de luz que atravesó la oscuridad, dispersando las sombras y liberando la isla de su influencia maligna.

Cuando la luz del amanecer bañó la tierra, Tanausú emergió de la caverna, victorioso pero agotado. A su alrededor, los habitantes de la isla se reunieron para darle la bienvenida de vuelta a casa, aclamando su valentía y su determinación.

En ese momento, el espíritu del Drago se materializó ante Tanausú, bañado en una luz resplandeciente. Con una sonrisa de gratitud, el espíritu le entregó a Tanausú una semilla dorada, el símbolo de su heroísmo y su conexión eterna con la tierra.

Desde entonces, el Drago Milenario de Icod de los Vinos se ha mantenido como un testigo silencioso de la historia de Tenerife, recordando a todos los que lo visitan la importancia del coraje, la bondad y la unidad en tiempos de adversidad. Y aunque los siglos han pasado y las leyendas se han desvanecido en el tiempo, la historia de Tanausú y el Drago perdurará en los corazones de aquellos que creen en la magia de la naturaleza y el poder del espíritu humano.

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